CAPÍTULO 7
A pesar de verlo con sus propios ojos Jermaine se resiste a creer lo que está impreso en ese periódico.
Podría ser alguien que se le parezca, pero tendría que haber sido una copia exacta de su hermano pequeño.
Esa foto se supone que fue tomada en los años cincuenta aunque muy bien podría haber sido trucada. Sin embargo, ni en aquella época, ni en la década de los años ochenta es tan fácil manipular una foto. Y desde luego no iba a resultar tan realista, ni dar mucho el pego.
Cuando muestra el periódico a su familia una vez ha llegado a casa ellos no pueden creer lo que ven.
A pesar que lo tienen frente a sus ojos no terminan de dar crédito. Tiene que ser algún tipo de truco de la prensa para seguir hablando mal de Michael. En el artículo ni siquiera se le menciona.
En realidad, solo se habla de Marilyn Monroe y no de manera positiva. Típico de la prensa sensacionalista hablar pestes de los artistas. Cuentan pestes de buena gente que hay en la industria, sin embargo, de los verdaderos demonios de ese mundo, de los que explotan, drogan y hasta maltratan a los artistas, de esos ni mu. Solo de aquellos que dan la cara. Algunos artistas sí son delincuentes y hacen cosas feas pero de ellos no se habla tanto. Todo depende de quién venda más o menos.
En la época de Marilyn, la diosa rubia se sienta en uno de los sillones de la cafetería para tratar de recuperar el aliento después de semejante beso. Ese beso no es un beso normal, sino lleno de fuego.
Ha recibido besos de hombres pero...
Todavía le tiembla todo, su corazón está acelerado, tiene ciertas sensaciones en la parte inferior de su femineidad y la boca seca. Eso es fuego y ella ha estado a punto de quemarse en él.
Ni siquiera se ha dado cuenta que su obsesionado compañero de reparto se ha marchado del lugar iracundo.
—¿Qué ocurre ? Te veo muy sofocada. —le pregunta el chico de ojos café mirándole la boca mientras se relame los suyos saboreando aún los labios de la rubia y luego se ríe como un niño juguetón tapándose la boca con una de sus grandes manos.
—¿Y tú me lo preguntas? —logra decir ella cuando recupera el aliento. —Nunca imaginé que fueras capaz de besar así. —se sincera ella.
—Solo fue un simple beso a una mujer hermosa. Además no sé besar de otra forma. —le confiesa el cantante. —Pero tampoco te creas que ando besuqueando a cualquier mujer.
—Ya veo. —contesto ella aun sofocada.
«Me pregunto si el resto de tus funciones físicas son tan...impresionantes» piensa la rubia dejando volar su imaginación y estremeciéndose.
—¿En qué estás pensando Norma Jean? —le pregunta él en tono insinuante.
—No creo que quieras saberlo —se sincera ella
—Quizás sí. Tal vez sea la única forma que tengas de comprobar si lo que piensas se ajusta o no a la realidad. —responde él de nuevo en tono juguetón. —Si necesitas ayuda con eso solo tienes que pedirlo. —se le insinúa él con cierto disimulo.
Las palabras del cantante solo logran encender más a la rubia que necesita tomar un sorbo de su bebida para poder refrescar su cuerpo y su corazón.
—Si no quieres quemarte no enciendas el fuego. —le dice él.
—No entiendo de que fuego me hablas. —dice ella con picardía.—Yo no hice nada. Además creía que eras un chico tímido. —se sincera algo molesta con él.
—Tus ojos me estaban pidiendo ese beso. No era necesario que dijeras nada. Tus ojos hablaron por ti. ¿Qué culpa tengo yo de que seas tan deseable, sensual y...caliente? —se sincera el cantante. —Sí. Soy tímido pero tu boca me estaba tentando y matando de deseo desde la primera vez que te vi y no pude resistirlo más. Tú me besaste y yo te respondí al beso. Tenía que beber de esos labios que tan loco me vuelven. Si no fueras tan condenadamente hermosa, dulce y sexy esto no estaría pasando. Pero...
—Pero ¿qué? —desea saber ella.
—Esto no volverá a pasar...a menos que tú lo desees. Eres hermosa y deseable, eso es cierto, aunque también una mujer inteligente y una chica dulce. Necesito conocer a la mujer, a la persona, no a la estrella. Quiero ver a Norma Jean, deseo ver su alma y compartir momentos sencillos de esos que el dinero y la fama no pueden darte. —se sincera el artista. —El placer de leer un buen libro a la luz de una chimenea en casa, un abrazo o...
—¿O? —desea saber ella.
—Ven conmigo. —le propone Michael dejando el dinero de sus consumiciones en la mesa y alejándose de allí tomando una de las manos de ella.
—¿Dónde me llevas? —pregunta Norma siguiéndole sin saber muy bien que nueva locura se le acaba de ocurrir a Jackson ayudándole a caminar.
—Ya lo verás cuando lleguemos. —le asegura él sin decir una palabra.
Cuando ambos llegan a Central Park él la conduce hasta el lugar en el que ella le encontró.
El lago.
Con dificultad pues va con muletas y está algo cansado camina hasta el césped. Allí él le pide que le quite el zapato de su pie sano.
—El calcetín también por favor. —le ruega el artista.
En cuanto el pie de Michael está desnudo el cantante lo apoya por completo sobre el césped y cierra los ojos disfrutando de la sensación de frescor que el césped le proporciona a su pie y a todo su cuerpo.
—Realidad. —pronuncia él sin abrir los ojos. —Ahora tú. —dice Jackson a su amiga
—¿Ahora yo? —se sorprende ella.
—Sí. Ahora tú. Quítate los zapatos y haz que tus pies entren en contacto con el césped húmedo. —responde él abriendo los ojos.
—No puedo, ni debo hacer eso. Soy una estrella, soy Marilyn...
—No es verdad. Eres Norma, no Marilyn. Marilyn es tu creación, Norma la realidad. Si permites que se trague a Norma estás pérdida. Te lo digo por experiencia. Solo haz lo que te pido, ¿sí? —le propone el hijo de Katherine.
Cuando la rubia hace lo que él le pide enseguida se da cuenta de lo que el chico de Indiana trataba de mostrarle. Aquella sensación es tan increíble y tan real...
—Esto es real. Esta sensación de sentir la tierra bajo de tus pies haciéndote cosquillas. Esto es parte del mundo real, de las cosas sencillas de la vida que están al alcance de de cualquiera, pero que la mayoría de las personas no saben valorar ni apreciar.
Ahora dime, ¿qué hay de real en la mayoría de la gente de la industria que nos rodea o en la vida que vivimos a diario? ¿qué hay de real en las fiestas, las sonrisas exageradas y las relaciones con otras celebridades? ¿en las joyas, el maquillaje, los vestidos y trajes caros que acostumbramos a usar en público? Nada. Solo la ropa y complementos caros. Pero cuando hay que devolver la ropa las joyas y se acaban las fiestas ¿qué queda?
Nada.
—Es cierto, todo es tan efímero...En cambio esto es tangible lo podemos tocar y sentir pues siempre está aquí. Amo mi profesión y a mis fans pero... —se lamenta ella.
—Odias todo lo demás. Todo lo que la rodea. A mi me pasa lo mismo. Amo crear canciones cantar y bailar y a mis seguidores. En cambio todo lo que rodea a eso lo detesto Solo quiero hacer música mostrar mi talento al mundo disfrutar cantando pero odio todo lo demás. Odio todo y todo lo que tengo que aguantar por ello.
—Sí. Yo solo quería ser maravillosa no quería hacer dinero. Sin embargo...
—Tú ya eres maravillosa por ser simplemente tú. —responde él sonriendo y acariciando su cara con ternura.
Ella le sonríe esta vez con timidez mientras sus hermosos ojos azules sin pizca de maquillaje brillan de emoción.
—Es tan injusto que hayamos tenido que conocernos de una forma tan pelicular... Tendría que habernos conocido y nacido en la misma época. Mejor en la tuya que en la mía. —se sincera la rubia mientras le ayuda a sentarse.
—Al menos pudimos conocernos y sentir esto. ¿Por qué mejor en mi época que en la tuya? —inquiere él.
—Por el racismo que hay en la mía. —le explica ella —Aquí es muy complicado casi imposible que negros y blancos se relacionen, no ya como amigos, sino también como algo más. —se sincera ella en esta ocasión.
—En los ochenta también hay racismo. No es tan abierto como en tu época pero existe aunque lo disimulan. Yo lo he sufrido pero no deseo hablar de eso ahora.
De pronto ella repara en algo que él ha dicho quizá sin darse cuenta minutos antes.
—Es mi imaginación ¿o hace unos minutos he creído oír que "sentíamos algo" ? Creo que dijiste algo parecido a que al menos pudimos conocernos y sentir esto. —comenta la rubia con el chico del cabello rizado.
—¿En serio dije eso? —responde él avergonzado.
—Sí. —dice responde ella acariciando su pie lastimado.
—Bueno, ¿qué quieres que te diga, Norma? Es obvio que algo me inspiras. No sé si es agradecimiento o algo más, por ayudarme. Aunque no creo que las ganas de besarte que siento desde que te vi por primera vez sean por gratitud. No sé que nombre ponerle a esto aunque está claro que algo siento por ti. Además no quiero ser de esa clase de hombres que usan a las mujeres para satisfacer sus necesidades físicas más básicas, para luego desecharlas. Intento no serlo. No fue esa la educación que recibí de mi madre. Si ambos estuviéramos de acuerdo en que solo es sexo no hay problema, pero no me gusta andar jugando con los sentimientos de las mujeres, ni de las personas. Conmigo ya lo hacen bastante con todas las traiciones que sufro y los ataques y mentiras de la prensa.
—Sé como te sientes porque eso me pasa a mi también y estoy harta. Agradezco tu sinceridad. —comenta la rubia. —Yo tampoco sé que es lo que siento por ti. No se parece en nada a lo que ya he sentido antes. Y gracias por no considerarme tan solo un pedazo de carne. —le sonríe ella mientras Michael le acaricia los rizos rubios.
—Nunca. Las personas no somos simples trozos de carne y si solo te han valorado como eso entonces es que son unos imbéciles que no merecen una mujer como tú.
La chica de ojos claros se incorpora un poco y acerca su rostro al del chico de ojos marrones para besar sus labios. Él enseguida acepta su beso y con una de sus grandes manos acaricia una de las mejillas de la rubia, luego baja la mano hasta el muslo acariciándoselo por encima de la ropa.
Aunque el cantante arde en deseos de acariciar esa parte de su cuerpo y sentir su piel con la yema de sus dedos aún no es el momento.
Si ambos llegaran a ir más allá de unos cuantos besos ya la regalará mil caricias durante largo rato antes de llenar el interior de la rubia de todo lo que él tiene para ella. Cuando el beso se intensifica la rubia tumba con cuidado al chico de Indiana sobre la hierba y él se deja llevar por el momento. Con sumo cuidado para no dañarse el pie, el artista gira sobre el cuerpo de la diosa rubia y se posiciona encima de ella.
El cantante comienza a besar su cuello y mordisquear su oreja mientras el corazón de Marilyn se empieza a agitar más y su respiración a entrecortarse. Luego comienza a desnudar uno de sus hombros y bajar uno de los tirantes del sostén de la rubia. Justo en el momento en que él tiene una de sus manos sobre el vientre de Norma Jean y desliza sus dedos dibujando círculos con las yemas comenzando a descender todavía más, el cantante decide parar.
—¿Qué pasa? —pregunta ella sofocada y muy excitada.
—Esto no puede ser. Así no. Te deseo y lo sabes pero mereces algo más. Algo mejor que esto en un parque. Necesito que si ocurre sea especial. —responde el cantante
—Ya lo creo que va a pasar. —responde ella con frustración. —Ahora soy yo quien te dice lo que tú me dijiste en la cafetería. Si no quieres quemarte no enciendas el fuego. —dice ella guiñándole un ojo.
Aunque se siente algo molesta por lo que pudo haber sucedido y no ha ocurrido, en el fondo le halaga que él desea que aquello sea especial.
—Te aseguro que no hay nada que desee más que quemarme en tu fuego mientras tus piernas me atrapan sin dejarme la más mínima escapatoria. —le responde él con una sonrisa malévola mordiéndose los labios de deseo. —Ese día no podrás detenerme por mucho que pidas que pare. Ese día vamos a saber lo que es ser consumidos por el verdadero fuego. —le explica él de manera insinuante. —Ese día...voy a poner a arder tus entrañas, Norma Jean.
Dejar a Marilyn sin palabras no es fácil pero ese chico lo ha logrado. Su excitación lejos de apagarse se ha avivado con esas palabras del artista.
—Demos una vuelta por Central Park. —sugiere Michael a la rubia.
—¿Estás seguro que puedes andar? ¿No te cansarás mucho con las muletas? —le pregunta ella.
—No te preocupes por mi. Si me canso nos sentamos. —le asegura él.
La cantante ayuda a Michael a incorporarse y ambos comienzan a recorrer el parque hasta que ambos ven algo.
—¡La fuente Bethesda! —exclaman ambos al unísono.
Esa famosa de Central Park es donde ambos intercambiaron sonrisas por primera vez a través del agua. Ambos se dirigen hacia ella se sientan en el borde y comienzan a salpicarse con agua. Cuando por casualidad miran al líquido elemento algo extraño sucede. El agua de la fuente comienza a mostrar una ráfaga de imágenes muy rápidas que al parecer ellos solo pueden ver.
Una pistola humeante
Un beso entre los dos
Un bebé viniendo al mundo.
Unas manos ahogando a alguien
Lágrimas de una mujer
Lágrimas de un hombre.
Esas imágenes desaparecen tan rápido como aparecieron.
Ninguno de los dos sabe como reaccionar ante lo que acaban de ver. No solo las ha visto uno de ellos, las han visto los dos. Los dos.
Pero, ¿por qué?
Mientras siguen paseando por aquel parque, Michael permanece muy serio.
—¿Qué te pasa? —pregunta la rubia preocupada.
—Estaba pensando. ¿Qué pasará contigo y conmigo cuando tenga que marcharme? —se sincera él.
—¿Irte? —repite Marilyn.
—Sí. Me quedaría de mil amores contigo aquí pero mi familia debe estar angustiada por mi. No es que tengamos la mejor relación del mundo pero al fin y al cabo son mi familia y deben estar asustados al no tener noticias mías.
—Entiendo. —entristece la rubia.
—En mi época tengo una vida que no puedo abandonar así como así. Les debo una explicación. Nuestros destinos debieron encontrarse antes en la misma época. No te hubiera dejado escapar de mi lado. —le asegura él. —Fue bonito mientras duró lo que sea que hay entre nosotros.
La actriz derrama unas lágrimas.
—No sé como voy a poder seguir con mi vida normal después de haberte conocido. —le asegura él.
—Ni yo. —responde ella con el corazón roto. —Pero mientras ese día llega vamos a aprovechar cada instante. —le propone su amiga abrazándose a él que cierra los ojos y la estrecha también entre sus brazos.
Días después cuando Michael está repuesto del todo Marilyn le acompaña hasta el lugar en el que él apareció en su mundo días atrás de manera tan rara.
El lago.
Es lógico pensar que si llegó así al mundo de Marilyn podrá retornar al suyo de la misma forma.
—Llegó la hora. —dice él mirando al agua.
El cantante abraza a Marilyn y le susurra al oído.
—No me olvides.
—Ni tú a mi. —responde ella.
—Eso nunca. —le asegura él. —No podría.
El cantante besa los labios de la rubia con ternura. Luego comienza a alejarse de ella aunque aún ambos permanecen con las manos unidas. En el momento en que sus manos se separan el artista gira el rostro para mirar a la rubia con los ojos aguados y minutos más tarde desaparece en el agua.
Cuando Marilyn llega a su casa se encierra en su habitación a llorar.
Los Jackson se llevan la sorpresa de su vida en el mismo momento que ven regresar a Mike. El alma les volvió al cuerpo y su madre se abraza a él llorando pues temía que algo malo le hubiera pasado.
—Me lastimé el tobillo y tuve que estar unos días en reposo. Alguien muy amable me ayudó. —dice el artista pensando en la actriz.
«Mi bella Norma Jean» piensa el artista.
—¿Y no pudiste haber llamado a alguien de la familia para avisar de lo que te había pasado y que alguno de tus hermanos fuera a buscarte? —le reprocha su madre Katherine molesta.
«¡Claro llamar por teléfono desde la década de los cincuenta a la de los ochenta es algo se hace todos los días!» piensa el artista.
—No madre. No tiene teléfono y tampoco encontré ninguno con el que poder comunicarme contigo.
Al día siguiente invadida por la nostalgia la protagonista de Niágara decide salir a pasear un rato por el Central Park. Extraña tanto a Michael...
Al pasar junto a un árbol alguien le tapa la boca a y la atrae hacia él.
—¡Ahora me vas a dar lo mismo que le diste ayer a ese flacucho, mujerzuela! —dice el agresor de la rubia.
Aunque va disfrazado la actriz puede identificar con facilidad a su agresor. Es su compañero de la película.
Ese dichoso individuo no entiende que no es no. En cuanto el actor trata de besar y abrazarla a la fuerza, ella se deshace de él con una patada en los genitales
Marilyn huye del galán de su película pero tras recuperarse un poco de la patada de la rubia le da alcance en la fuente y pone sus manos sobre el cuello para ahogarla. Ella da un traspiés tratando de propinar a su compañero una nueva patada y cae en interior de la fuente desapareciendo bajo sus aguas. El actor creyendo que la ha matado sale corriendo de allí temiendo que alguien haya podido verle con ella aunque Central Park está desierto debido a la hora de la noche que es.
Marilyn que no sabe dónde está y no puede ver con claridad ya que a su alrededor solo hay oscuridad cree que está muerta. Al parecer su muerte se ha adelantado unos cuantos años a la fecha en la que Michael le aseguró que ocurrió.
En los ochenta, el artista, que esa noche una vez más no ha podido conciliar el sueño, ha ido al Central Park. Allí vivió hermosos momentos con su Rubia Favorita y disfrazado disfruta de la sensación del contacto de sus dedos jugueteando con el agua de la fuente.
Segundos después se lleva el susto de su vida cuando ve salir a alguien del interior del agua. Seguro que será una persona que se ha pasado bebiendo, ha caído en el interior de la fuente y ahora intenta salir de allí.
El artista niega la cabeza.
No es posible que alguien pierda el control de esa manera. Pero como tiene un gran corazón y aún sabiendo que pueden agredirle por culpa de su borrachera, el intérprete decide acercarse para ayudar a esa persona.
—Ven. Te ayudaré a salir de aquí.
El cantante se acerca a la persona que ha aparecido de la nada en la fuente.
«Espero que no haya bebido demasiado y al menos pueda ponerse en pie!» piensa el artista.
Frente a la aparición, Michael Jackson retira el pelo de la cara para mirar a la persona que tiene frente a él.
La persona le mira.
—¿¡Norma Jean? —se sorprende el cantante al verla allí.
—¿Mi...Michael? —responde ella al reconocer la voz del chico de Indiana.
Comentarios
Publicar un comentario